7 Dificultades en India como turista

Antes de nada me gustaría aclarar que para mi los lugares son como las personas, los amas con sus virtudes y sus “defectos”, y yo amo India. ¿Entonces?, lo que pasa que India tiene unas características tan diferentes a las que acostumbro que entre el amor, la diversión y la locura andan mis emociones en este momento. Son solo 5 días los que llevo en esta parte del mundo pero ya me he topado con algunas “maneras de hacer” por las que no sabes si reír, llorar, gritar o salir corriendo (si puedes claro), bueno, lo tomáremos con humor teniendo en cuenta que aún estoy en la punta Sur y debo de cruzar hasta la Norte.

1. Caos sonoro

Ruido, ruido, ruido por todas partes, ¿de qué? de coches, autobuses, camiones, riskshaws y bicicletas. No paran de tocar el claxon ni un solo milisegundo (cuando digo “no paran” tómelo literalmente). Ya sabemos que India es un país superpobladísimo, el segundo del mundo concretamente después de China, y de ahí este alboroto de personas y tráfico por todos los rincones, pero de verdad, si paseas 45 minutos por cualquier ciudad desearás correr a cualquier punto con un poquito de calma, yo me voy a los templos y ¡hala! Allí la tranquilidad y sosiego está asegurado. Si quieres relajarte en India te aconsejo que te vayas a una playa poco turística, a la montaña o a un pueblo remoto.

2. Cruzar una calle es arriesgar tu vida

Lo de “arriesgar tu vida” es en un tono exagerado ¡aunque no tanto! Hay que tener cuidado y mucho ojo, si tienes los dos ojos bien abiertos más uno en cada costado y un par más de ellos en la espalda estaría genial. Debido al caos que ya os he contado antes, cruzar hasta la más pequeña calle supone activar tus sentidos al máximo si no quieres ser atropellado por los cientos de coches, motos y rickshaws que pasan en un orden arbitrario en ambas direcciones. Eso sí, a su favor diré que los indios controlan muy bien para no arrollar a los peatones, cuando parece que te van a atropellar ellos frenan o te esquivan en la ultima milésima de segundo, se nota la experiencia, esto pasa por ejemplo, en Europa y tenemos un accidente asegurado. Aun así cada vez que tengo que cruzar una calle pienso “mejor no voy” o “¡que alguien me ayude!” Finalmente le armo valor, que remedio.

3. Que te cobren el doble del precio

En India por ser turista hay que acostumbrarse a que te quieran cobrar el doble del valor que lo que quieras comprar, y claro, si te pilla de nuevas no tienes ni idea de cual es el precio real, yo a veces suelo preguntar antes a otra persona para tener una idea. Hay que regatear y al final consigues bajar el precio, y asi todos contentos: el vendedor/a se lleva algo más, porque es difícil que te baje al precio real, y tu pagas un poquito menos. Unas veces, cansada de regatear, sabes que te está subiendo bastante pero lo pagas igualmente porque al cambio (en euros para mí) es algo insignificante, otras veces cansada de que te quieran subir el precio de todo, sale tu ego más profundo y sin darte cuenta de la inercia del regateo te niegas a pagar aunque sea 0,00001 céntimos más. Hay que encontrar un punto medio que un día me vi con mi amigo Angel regateando un tomate por un céntimo arriba o abajo, es lo que tiene pensar en rupias y meterse en el mundo del regateo.

Rickshaw en Kochi. En los rickshaws suelen pedirte el doble del precio real. Es difícil regatear si no sabes la distancia hasta el lugar donde te diriges.

4. Te salen amigos para terminar pidiéndote dinero

Algunas personas te invitan a sus casas o a sus trabajos con una gran sonrisa y muy amigablemente, al final lo que quieren y te piden es que les des dinero. No digo que todas las personas que se acerquen a ti y te inviten sea por esta razón pero a veces pasa esto en los lugares más turísticos. A mi esto me molesta mucho, porque yo valoro mucho que las personas sean cercanas conmigo y al pedirme dinero siento que era todo una farsa, así que yo nunca he dado dinero en estas situaciones, les digo que deberían habérmelo dicho desde un principio.

5. Ir a comer y que me pongan cubiertos

Por supuesto no se puede vivir como los indios porque venimos de culturas diferentes y me guste o no aquí soy una turista, pero si voy a comer a un puesto de la calle ¡por favor no me den cubiertos! que vine a la India entre otras cosas para comer con las manos y limpiarme el culo con ellas también (porque aquí el papel higiénico es una jarrita de agua).

6. Hiper-invasión a tu persona en los lugares turísticos

Si caminas por un lugar turístico no podrás dar medio paso sin que tengas a 3 personas ofreciéndote su servicio de Rickshaw, de restaurante, de masaje, de pulseritas… no exagero, no andarás más de dos metros sin que haya alguien a tu lado intentando venderte algo, y además insisten e insisten e insisten e incluso te persiguen unos cuantos de metros, aunque he de reconocer que las frases que te dicen para tratar de ser “amigables” son a veces muy divertidas como “Ey Rasta, sube al rickshaw de Bob Marley”. Cuando estés agobiado es cuestión de decir un “no” contundente sin girar tan siquiera la cabeza para no poder dar a entender que estás dudando en tomar lo que te ofrecen, esto no me gusta mucho porque al final tienes que ignorar a la persona y para mi es un poco frío, pero bueno, aun intento mantener la sonrisa mezclándola con un “no ,thank you”, al final se le coge el truco.

7. Hacer “papeleo” y gestiones varias

Por un lado en cualquier oficina te marearás de un lugar hacia otro esperando horas y horas de colas para no haber resuelto nada y tener aun más dudas de con las que ibas, te mandarán de un lugar a otro muchas veces hasta para comprar un billete de tren, de aquí allí, de allí a allá, de allá a allí y de allí a aquí, y así, hasta que un día caiga la gracia del cielo y lo tengas.

Para rematar están las personas que “hacen cola”, lo de la cola aquí lo conocen pero no hacen mucho esfuerzo por ello y como seas de fuera pareces hasta ser invisible. Pues eso, esperar horas de cola de un sitio a otro y después llegan personas que te pasan por delante como si fueras una mota de polvo en el suelo, se amontonan todas alrededor y adiós cola, ahora estás entre un barullo de gente, una masa humana que no tiene sentido ni le ves el fin. Lo último es que no he podido comprar un billete de tren en 4 horas, al final he resuelto el tema yéndome al templo a relajarme y pensar que mañana será otro día.

Aquí unos detalles de un templo en Kochi donde, para contrarrestar, se respira calma:

A pesar de estos detalles me gustaría aclarar de nuevo que amo a la India, y la amo por sus cosas preciosas y por estas otras también y que todo lo que aquí describo es bajo mi percepción “etnocéntrica” creada en Europa. No quisiera cambiar nada de aquí pues no sería la India y al fin y al cabo vengo para empaparme de ella. Así que solución: tómatelo con humor y si no puedes aunque sea con paciencia. Namaste!

Comments (1):

  1. Angel

    6 febrero, 2017 at 1:01 pm

    Como que un tomate por un céntimo!!! Al final lo pagamos , aaargh!!! Cada vez que me acuerdo _____

    Jajaja

    Responder

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Hace ocho años, primera vez que vine a India y primera vez en un país en vías de desarrollo, mi amigo Ángel que ya había estado varias veces por aquí y en otros países con alta taza de pobreza me dijo que él no daba ni daría dinero a los niños que piden en las calles.

La escuela libre. El derecho del niño a ser quien es

No abren las puertas a las nueve de la mañana ni a ninguna otra hora, se duerme aquí mismo, pues más que una escuela en una comunidad. Se levantan a las seis en punto cada mañana y se empieza el día con yoga y meditación. No hay pupitres ordenados mirando a ninguna pizarra, ni exámenes, ni calificaciones, como tampoco hay grupos de niños clasificados por edad. Aarohi es un espacio abierto, un lugar de convivencia y aprendizaje personal y grupal en plena naturaleza en Bodichipalli, Tamil Nadu, en la India más rural.